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Pan y Rosas
6 de agosto de 2008 Twitter Faceboock

INDUSTRIA ALIMENTICIA
Enjauladas

Por Catalina Balaguer, obrera de la Comisión Interna de PepsiCo Snacks

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En el 2001, despidieron a más de cien compañeras contratadas que demandaban su efectivización, e incorporaron varones en la línea de empaque. Después de esto, a los pocos meses me echaron a mí, por ser parte activa del reclamo de mis compañeras, pero amplifiqué la denuncia de las condiciones en las que nos encontrábamos las mujeres trabajadoras de PepsiCo y, con una gran campaña, le doblamos el brazo a la empresa que tuvo que reincorporarme. La complicidad de la burocracia de Daer, del sindicato de la Alimentación, le permitió a la patronal imponer la superexplotación a su antojo.

En PepsiCo, antes del 2001, los varones de las líneas de producción fueron reemplazados por mujeres. Éramos más del 60% de la fábrica. Con el tiempo, cada vez fuimos menos trabajadoras por máquina y se aceleró la velocidad: si en una máquina que armaba 45 paquetes por minuto éramos tres o cuatro compañeras, ahora somos una o dos empacando, seleccionando, recuperando los paquetes que se rompen y manteniendo limpio el sector, con máquinas más modernas que arrojan hasta 120 paquetes por minuto. Al poco tiempo, comenzamos a sentir en nuestros cuerpos el desgaste que traía aparejado el aumento de los ritmos de producción y las múltiples tareas. Lo que comenzó con un simple dolor, terminó transformándose en tendinitis, hernias de disco y cervicales: enfermedades irreversibles.

Las compañeras afectadas por estas enfermedades no podían continuar con las mismas tareas. Fue entonces que la patronal las derivó a una jaula, donde limpiaban con alcohol las figuritas, stickers y pequeños juguetes que vienen en los paquetes de papas fritas como promoción. -¡Un castigo por enfermarse a causa de la superexplotación que nos imponen! Ese lugar era literalmente una jaula, donde las compañeras sentadas en cajas, pasaban frío en invierno y calor en verano. Era el único lugar donde las dejaban estar, no se les permitía salir más que para ir al baño, mientras que al resto de las trabajadoras y trabajadores de la planta no nos permitían entrar allí sin recibir algún llamado de atención del supervisor.

Esa jaula, destinada al depósito de cajas, terminó siendo un verdadero depósito de las mujeres trabajadoras que la patronal consideraba un "despojo humano", después de haberles minado su salud con los ritmos de explotación. Muchas quedaron con un 30% de discapacidad, algunas fueron despedidas directamente porque la patronal adujo que no había puestos laborales acordes a sus "limitaciones".

Así y todo, no bajamos los brazos. Hicimos una denuncia que a la empresa le costó medio millón de pesos y la jaula desapareció. Pero a las compañeras siguen sin asignarles tareas y las enfermedades no se las cura nadie. -¿Por qué la patronal es tan hostil con estas compañeras que lo único que reclaman es realizar tareas acordes a su situación? La respuesta es sencilla: la patronal sabe que detrás de estas compañeras hay muchas más en las mismas condiciones y el único objetivo de la empresa es explotar nuestra fuerza de trabajo al máximo. Atender a sus reclamos significa sentar un precedente, reconocer que lo que nos enferma son las condiciones de trabajo. Por eso la patronal apuesta al desgaste psicológico de las trabajadoras.

La comisión interna que integro no dejará de pelear por bajar los ritmos de producción, y reclamar puestos de trabajo para las compañeras contra una patronal que, con el aval de los dirigentes sindicales vendidos, no sólo se contenta con explotar nuestra fuerza de trabajo, sino que pretende agotar hasta la última gota de nuestra sangre para que dejemos la vida en la fábrica, engrosando millonariamente sus bolsillos.


El arte contra la explotación

La jaula. Vida, sueños y luchas de nuestra clase obrera es una obra de José Luis Andreone y Julián Romeo. Empezaron a escribirla en 1976, estrenándola cuatro años más tarde, durante su exilio en Brasil. Así nació esta historia de cinco mujeres obreras de una empresa multinacional; cinco trabajadoras apartadas dentro de la misma fábrica, discriminadas y castigadas. La violencia patronal adquiere, para ellas, la forma de una jaula con barrotes.

Hace cuatro años que la agrupación Manuelita pone la obra en escena en Rosario, con ayuda del grupo de arte Contraimagen que capta los rostros del público donde se reflejan las emociones que produce el arte que se mezcla con la más cruda realidad. Las actrices de Manuelita, prefieren llevar su trabajo a los lugares donde no llega el teatro. La primera actuación fue un 8 de marzo, para las mujeres detenidas en la unidad carcelaria N-º 5 de Rosario.

Catalina Balaguer, que luchó contra la imposición de una jaula menos metafórica en PepsiCo, conversó con Lucía, una de las actrices.

Es especial para mí hacerles esta entrevista porque la obra es un retrato de lo que vivimos las obreras de PepsiCo. -¿Qué las llevó a tomar la decisión de realizar esta obra?

Cuando la leí, y en cada ensayo, sentí que lo que me ocurría en el trabajo era idéntico, fue hallarme allí dentro, en la "jaula", era una continuidad en la escena. Tal es así que cuando mis compañeras de trabajo la vieron, tuve que decirles: "conste que no la escribí yo, que no es el hospital, es una fábrica en Brasil". Escuchaba a mis compañeras asignarles nuestros nombres a cada uno de los personajes o situaciones mientras iba transcurriendo la obra.

-¿Qué comentarios escuchan cada vez que exponen la obra?

En cada debate nos vamos enriqueciendo, escuchando las identificaciones con los personajes que hacen las y los espectadores, independientemente del trabajo que cada uno realiza. De pronto, en los hechos, todos podemos ver esa realidad que a veces cuesta entender: que más allá del tiempo y el lugar, a la hora de la explotación de los trabajadores, los métodos y las consecuencias son las mismas. Opresor, oprimido. Pero si los oprimidos decidimos unirnos, la realidad puede ser otra.

Ustedes llevan la obra a los sectores donde el arte no llega, -¿sienten que aportan, mas allá de la obra, a que las mujeres vean la posibilidad de no bajar los brazos y organizarse?

Identificarse con los personajes ha permitido vivenciar a los laburantes que nos han visto, que no están solos. Ante esta realidad, la tristeza más profunda de la injusticia en los trabajos y el miedo que impide gritarla, como actrices la contamos en el escenario, sacándote del aislamiento en el que el sistema intenta ponerte, te encontrás con el otro en otro espacio y de pronto el debate se puede transformar en una asamblea. Es otro instrumento para organizarnos.

 
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